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Abulia, pantallas y la pérdida del conflicto

Tengo casi 50 años y me pregunto si es una distorsión de mi propia lente o si realmente estamos atravesando una epidemia de abulia.  La abulia es la pérdida o disminución de la voluntad. Etimológicamente, viene del griego a- (privación) y boulē (voluntad).

En mi juventud, la vida se sentía más ruidosa, más cargada de una "locura" que hoy parece haberse disuelto en un presente neutro. ¿Dónde estará la rebeldía de la juventud? De paso dónde están los artistas que rompen moldes, los emprendedores desenfrenados, dónde está la humanidad que no está detrás de las pantallas


La sociedad del cansancio 

Lo que hoy vemos en los más jóvenes (y en nosotros mismos) no es pereza, sino que se parece más a un agotamiento estructural. Byung-Chul Han explica que pasamos de la sociedad del "deber" a la del "poder". El sujeto moderno se autoexplota creyendo que se está realizando, hasta que el motor se quema. La abulia es la huelga silenciosa de una voluntad que ya no sabe qué desear porque está demasiado ocupada rindiendo.

Acá aparece la paradoja más dolorosa. Bauman en Vida de consumo describe una sociedad obsesionada con la estética, pero donde los cuerpos han desaparecido. Vivir a través de una pantalla elimina el costo de habitar un cuerpo:

  • Moverse implica esfuerzo.
  • Sostener la mirada implica riesgo.
  • El encuentro físico implica la imposibilidad de "borrar" al otro si no nos gusta.

En el mundo virtual, el otro es un objeto de consumo. Si no encaja con mi ego, si me incomoda, lo bloqueo, lo cancelo y me voy a tomar un café solo. ¿Debe ser por esos que los cafés en la Ciudad de Buenos Aires (¿y en el mundo?) está de gente sola con sus móviles? Es la sociedad del capricho: todo tiene que estar diseñado a nuestra medida, eliminando cualquier rastro de fricción.

Si queremos hacer una conexión con el mundo laboral, podríamos decir que las relaciones comerciales persiguen el mismo mal. ¿Me estoy perdiendo de un cliente mejor?¿Me estoy perdiendo de un proveedor mejor?¿De qué cosa mejor me estoy perdiendo?

El miedo al riesgo y la agonía del deseo

En la virtualidad no hay riesgo, y donde no hay riesgo, no hay vida. El deseo, por definición, requiere una falta y un esfuerzo para ser alcanzado. Pero cuando el algoritmo nos da todo masticado y el "otro" es descartable, el deseo se muere y lo que queda es el capricho inmediato.

Estamos evitando el conflicto, pero el conflicto es lo que nos permite desarrollarnos. Tolerar que alguien piense distinto, sostener la incomodidad de una presencia física que no podemos controlar, es lo que nos mantiene despiertos.

Cambiamos la locura y el exceso por la seguridad de una interfaz higienizada. ¿Nos hartaremos de las relaciones mediadas por la tecnología?¿Seremos capaces de soportar el peso y el costo de estar verdaderamente vivos, fuera del simulacro? Te dejo estas preguntas para que busques tus respuestas.