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La trampa de los 30 segundos

Escrito por Gabi Suarez | 2/3/26 4:06 PM

Existe una creencia instalada en la cultura corporativa actual: la idea de que la velocidad es, por definición, igual a la efectividad. Nos movemos bajo la presión de que todo debe ser inmediato y, peor aún, que todo lo complejo debe ser capaz de explicarse en el tiempo que dura un scroll en redes sociales.

El fin de la estabilidad

Esta obsesión por lo instantáneo nos está despojando de lo tangible. El filósofo Byung-Chul Han, en su obra No-cosas, advierte que el mundo se está desmaterializando. Ya no habitamos la tierra y las cosas, sino la información y los datos (las no-cosas).

Según Han, los objetos físicos —como el disco de vinilo o el papel— ofrecen una estabilidad que el mundo digital nos quita. La "cosa" es previsible, tiene un tiempo, permanece. Al perder el contacto con lo físico y lo lento, perdemos también nuestra capacidad de habitar procesos reales. No es casualidad que sectores de la juventud empiecen a abandonar las redes: es una reacción biológica ante una velocidad que ya no es aprehensible.

La ilusión de la agilidad vs. el rigor del proceso

Desde una mirada científica, la psicología del aprendizaje (como la propuesta por Anders Ericsson sobre la práctica deliberada) sostiene que no existen atajos para la maestría o la resolución de problemas complejos. La "trampa de los 30 segundos" es un sesgo de simplificación que ignora la ley de causa y efecto.

Para que las cosas sucedan, hace falta tiempo. No un tiempo muerto, sino un tiempo de devenir. La solución a esta tormenta perfecta de ansiedad y superficialidad es múltiple y requiere coraje ejecutivo:

  1. Tener un plan: Un mapa que no cambie con el primer viento.
  2. Seguirlo y monitorearlo: El uso de procesos y KPIs  es la forma de "tocar" la realidad del negocio para que sea previsible.
  3. Dejar de "volantear": Atenerse al proceso para poder aprender de él.

La verdadera revolución hoy es recuperar la lentitud necesaria para que la conciencia y los resultados tengan un lugar donde aterrizar.