Hace seis meses que vengo experimentando con constancia en LinkedIn. Mi visión inicial era la de manual: una red formal, un espacio para prospectar, un lugar donde compartir "lo útil" (ventas, marketing, procesos). Sin embargo, los datos me devolvieron una realidad muy distinta.
Cada vez que publiqué contenido técnico y estructurado, el resultado fue el silencio. Pero en estos últimos 6 meses, fui viral tres veces. Un solo posteo alcanzó las 100.000 visualizaciones y más de 1.800 comentarios. Lo curioso es que esos posteos no hablaban de KPIs, sino de la vida, de la lentitud y de la necesidad de conectar.
Cuando posteamos contenido puramente técnico, activamos el sistema de análisis del otro, que es crítico y distante. Pero cuando compartimos una reflexión humana, activamos el sistema de neuronas espejo. Como decía el psicólogo humanista Carl Rogers: "Lo que es más personal es lo más universal". La gente no está buscando un manual de instrucciones; está buscando un espejo.
La viralidad de un contenido reflexivo y lento en una red de negocios es, en realidad, un grito de auxilio del algoritmo: la demanda ya no es de información sino de sentido. El éxito de mi último post no se debió a lo que enseñé, sino a lo que hice sentir.
Quizás sean mis 50's que se vienen aproximando, pero mi cuerpo y mi mente están buscando cada día más otra velocidad, otro tipo de interacción. Y estoy muy enfocado en este asunto. Entiendo que todos nos sentimos empujados a mostrar algo que no somos (o no podemos ser). Los procesos de cambio son más lentos y requieren paciencia y constancia.
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