Después de fundar cuatro emprendimientos, uno suele caer en la trampa de creer que el camino al éxito es una escalera mecánica: una vez que te subís, solo queda esperar a llegar arriba. Pero la realidad del dueño de negocio se parece más a la Segunda Ley de la Termodinámica.
En física, la entropía es la magnitud que mide el grado de desorden de un sistema. La ley dice que, en un sistema cerrado, la entropía siempre aumenta. En los negocios, esto significa que si no inyectamos energía, visión y ajustes constantes, el sistema —tu empresa— tiende naturalmente al caos, al desgaste y, finalmente, al retroceso.
Cuando un cliente termina un servicio de forma inesperada, el primer impulso es el desgaste emocional. Aparece la duda: "¿Por qué sigo en este estira y afloja?". Sentimos que hemos vuelto al casillero cero. Pero bajo la lente de la entropía, ese "paso atrás" es en realidad el sistema avisándote que la energía que venías aplicando ya no es suficiente para mantener el orden actual.
El retroceso no es un fracaso de tu capacidad, es un síntoma de que el modelo de negocio alcanzó su límite de equilibrio. Para pasar al siguiente nivel de crecimiento, el sistema necesita "romperse" un poco para reorganizarse en una estructura más compleja y resistente.
La frustración nace de pensar que estamos girando en círculos. Sin embargo, si miramos con perspectiva de resiliencia organizacional, descubrimos que estamos en una espiral.
Para combatir la entropía no hace falta "hacer más de lo mismo" (eso solo acelera el desgaste). Podríamos considerar:
Dar un paso atrás no es volver al principio. Es, simplemente, la forma que tiene el camino de pedirte que recalibres el mapa antes de seguir subiendo (en espiral).