Leí una reflexión de Umberto Eco (en su hermoso libro "A paso de Cangrejo". Pág. 124) que me dejó pensando en cómo estamos gestionando nuestras expectativas profesionales. Dice Eco que los hombres de hoy pretenden obtenerlo todo de la tecnología porque ella te lo da "enseguida", mientras que la ciencia —el conocimiento real— avanza despacio.
Esta distinción es vital para entender la diferencia económica y humana entre crecimiento y desarrollo:
Lo vemos a diario en LinkedIn. Se ha vuelto un hábito desgastante: gente quejándose de la red social dentro de la misma red social. Es un bucle de frustración que no lleva a nada. Nos quejamos de la falta de alcance o de la superficialidad de los contenidos, pero seguimos buscando esa gratificación instantánea que la tecnología nos prometió.
Esa queja circular es, en el fondo, la resistencia a aceptar que el desarrollo profesional no tiene atajos.
¿Cómo combatimos esta inercia? No es con más quejas, sino con opinión y discusión real. Necesitamos recuperar los tiempos habituales del pensamiento. Menos promesas desmedidas de "crecimiento exponencial" y más debates que nos permitan desarrollarnos, aunque sea a paso de cangrejo. La madurez de una empresa o de una carrera no se mide por qué tan rápido sube, sino por qué tan sólida es la estructura que sostiene ese avance.
El avance cierto es lento. Todo lo demás es solo ruido tecnológico.